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RUTA 7 |
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RUTA DE LA ESPINA DEL GALLEGO |
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RECORRIDO Accedemos al Alto del Portillón (579 m) bien desde Castillo Pedroso, en el valle de Toranzo, o bien desde Arenas de Iguña, por la carretera regional S-604. Estacionamos el vehículo en el citado Alto del Portillón, con un monolito sobre la guerra civil y una plantación de cipreses a la izquierda de éste. De los caminos que parten hacia el sur desde este alto, tomamos el segundo por la izquierda, que atraviesa una portilla para guardar el ganado. Al cruzar este cierre aparecen en el prado unas rodadas que se dirigen hacia l cima de El Cotorral (697 m), reconocible enfrente por estar ocupada por una torre de alta tensión. Seguimos estas rodadas, que en este tramo presentan varios trazados y recorren la loma de la montaña. Ganamos altura por la vertiente oriental de la montaña, con una alambrada paralela a la derecha. Superamos El Cotorral y llegamos a un alto llano, tras el que iniciamos un ligero descenso. Al cabo de unos metros dejamos a la izquierda el límite superior de un pinar y llegamos a un collado con un coche abandonado, un letrero de coto de caza y dos caminos. Escogemos el camino de la izquierda que inicialmente bordea un robledal y asciende la loma de la montaña para pasar a la vertiente oeste, del Besaya. A partir de aquí hallamos lienzos del trazado de la antigua calzada romana, aunque en un deficiente estado de conservación. El camino pasa junto a La Pirizuela (814 m) y desciende el colledo de Cruza Caminos (717 m), donde divisamos un chozo de piedra. Continuamos ascendiendo por la vertiente oeste para llegar en zigzags a la cima de la Espina del Gallego (968 m). Entre grandes bloques de de piedra, restos del castro prerromano, podremos reconocer alguna de las excavaciones realizadas por historiadores y arqueólogos. Desde aquí proseguimos por el camino, ascendiendo la línea de cumbres hasta llegar a la siguiente cima, el monte Cildá (1064 m), reconocible por disponer de un repetidor de televisión, un vértice geodésico y un pequeño refugio. Las vistas desde ambas cumbres son espléndidas, dominando los valles de Toranzo e Iguña y divisando Santander al noroeste. Regresamos por el mismo camino.
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